Tal y como describimos nuestras vidas es tal y como
fotografiamos un momento en la eternidad. Como cuando nos hablan del amor y
parecemos no entender que es algo esencial o como cuando nos enseñan a grabar
en nuestras mentes nueve números que dan a otro lugar del que queremos obtener
información o noticias. O como cuando nos proponen elegir entre el misterio o
la locura y no queremos debatir entre las dos cosas porque ambas nos llaman la
atención... O como cuando te dan a escoger entre la vida y la muerte aún
sabiendo que todo conlleva un peligro y que estamos seguros al cien por cien de
que nos jugamos una realidad y un poco de magia, pero hemos venido a jugar.
"Tan inocente el destino, que jugaba a ser amigo del fuego"
No estaba segura de querer hacerlo, apartarte y alzar la mirada como si nada hubiera pasado. No sabía que ocurría, ni siquiera sabía si era yo quien estaba cruzando el límite, o es que había cambiado de escenario. Dolía tanto, que en cenizas había convertido cada amanecer. Las cartas seguían bajo la almohada, los abrazos sobre el cristal roto y el escozor del presente como quien rocía con alcohol la herida en llamas. Era extraño como el reloj hacía esos paréntesis sin advertirnos que subiría la marea. Como las agujas sembraban el dolor en la mirada y jugaban a ser inocentes desde el rincón del desastre. No podía dejártelo más claro, no sabía como amarrarte y dejar que el invierno cortara por la mitad el sexto sentido que con tanta delicadeza tatuaste sobre mis hombros. https://www.youtube.com/watch?v=YykjpeuMNEk
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